Liber Chronicarum, 1493, texto sobre los gitanos

 


Traducción al español del texto de las páginas 303 y 304 del Liber Chronicarum (Crónicas de Núremberg) de Hartmann Schedel, publicado en 1493. Contiene una descripción muy estereotipada y prejuiciosa de los romaníes (gitanos) desde la perspectiva europea del siglo XV, por lo que es importante leerlo con espíritu crítico.


Libro III.

Sobre ciertos gentiles cristianos, a quienes el vulgo llama zíngaros, y según el error del latín llama renegados.

En el horrible año de Cristo de 1417, comenzaron a aparecer primeramente en Alemania hombres feos, negros, quemados por el sol, con vestidos sucios, y al tratar cualquier cosa, asquerosos, y entre las primeras cosas, solícitos en robar, especialmente las mujeres de esa gente. Porque los hombres viven de los robos de las mujeres. El vulgo los llama tártaros o gentiles; en Italia se llaman zínganos. 

Honran entre ellos a un duque, condes y caballeros, que tienen mejores vestidos y crían perros de caza según el uso de la nobleza, pero no tienen lugar para cazar, a menos que ellos roben. Truecan caballos a cada poco; pero la mayor parte van a pie. Las mujeres con sus pequeños y sus lechos son transportadas. 

Andan alrededor con la carta del rey Segismundo y de algunos príncipes, para que por las ciudades y provincias se les deje pasar seguramente y no se les haga molestia. Ellos dicen que les fue dado por penitencia que anduvieran por el mundo como peregrinos, y que salieron primeramente del Egipto menor. Pero son habladurías.

Una clase de hombres, así se ha sabido por experiencia, que han nacido en peregrinaje, dedicados al ocio, que no reconocen patria alguna, así andan por las provincias, buscando vivir de lo que las mujeres roban, se hospedan a manera de perros, y de ninguna religión hacen caso, aunque entre los cristianos hacen bautizar a sus niños, y luego se van de provincia en provincia; en el espacio de años regresan, pero se dividen en muchas partes, de manera que nunca regresan exactamente los mismos al mismo lugar, sino después de un largo intervalo de tiempo. 

Reciben ampliamente a todos aquellos hombres y mujeres, de cualquier provincia, que quieran mezclarse en su escuadra. Una multitud de gente maravillosa a manera de aquellas cosas que la lluvia empuja hacia adelante; hablan muchos lenguajes, de todas las gentes, y encima resultan muy molestos para la plebe de los campesinos; porque mientras ellos trabajan fuera en los campos, aquellos van a sus casas, si pudieran robar algo.

Sus viejas se dedican a adivinar y al arte quiromántica, y dicen que hacen la fortuna a quien quiere. Pero mientras dicen lo que debe suceder a quien se lo pide, y dicen cuántos hijos, cuántos maridos, cuántas muertes deben tener, con astucia admirable ponen las manos en la bolsa de quien les pregunta, y con destreza sacan cosas que nadie se da cuenta. Han venido de poco tiempo acá, desde el menor hasta el mayor, cuando Múster [el autor] escribía estas cosas, estando en Heidelberg, acompañándome con algunos de los principales de esta gente, con gran fatiga les saqué de las manos ciertas cartas, las cuales se gloriaban de tener de emperadores, y eran aquellas que me fueron mostradas hechas así. 

Vimos una cierta [carta], la cual dicen que fue obtenida en Lindoia [Lindau] por el emperador Segismundo, donde se hace mención de cómo sus mayores en tiempos pasados en el Egipto menor, por algunos años, habiendo renunciado al cristianismo, habían recaído en el error de la gentilidad, y arrepentidos les fue dado por penitencia que tantos años, cuantos [miembros] de cada una de sus familias, anduviesen por el mundo en peregrinaje, y expiaran en ese ocio el pecado de su perfidia. 

Pero ya hace buen rato que el tiempo ha pasado de tal su peregrinaje, y sin embargo esa chusma todavía no deja de andar alrededor robando, mintiendo, haciendo la fortuna y adivinando. Lo cual, oponiéndoselo yo, me respondieron que les era impedido el viaje, que no podían volverse a casa, aunque el tiempo de la penitencia ya hubiera pasado. A las otras cosas que les oponía, me dieron una respuesta digna de risa, la cual me parece vergüenza señalar en este lugar. 

Tienen entre ellos muchos embaucadores, los cuales con astucias maravillosas hacen parecer lo que no es a la gente simple, y hacen creer aquellas cosas que nunca se encuentran, o aquellas que ellos nunca han visto.

Vi yo mismo a uno de esos charlatanes, que era consejero de su conde, el cual [dijo] que, para volverse a su patria, sería necesario que pasaran por aquella tierra donde habitan los Pigmeos, hombres no más largos que un palmo, a los cuales se cogen con redes no de otra manera que entre nosotros se cogen las liebres. Y preguntándole dónde estaba aquella tierra, respondió que estaba muy lejos, más allá de Tierra Santa, y a un buen trecho de Babilonia. Dije: «Entonces, vuestro Egipto menor no está en África, junto al Nilo, sino en África, junto al Ganges, o junto al Indo». 

Este argumento él, con otra bella facundia, esquivó, confesando que no sabía en qué lugar estaba África o Asia. Así que estas cosas he querido anotar sobre aquellos hombres, que van aquí y allá, porque ellos son igualmente un pueblo de la Germania, aunque reunido de varios hombres ociosos, no [siendo] gravoso para ninguna nación de Europa, aunque muchos de los extraños se incorporan con ellos, especialmente de los galos, y algunos de otros reinos, en los cuales se les permite entrar. Han inventado también una lengua propia, a la cual los alemanes llaman Rottuueifsch [Rotwelsch], que significa «barbarie roja» [o «jerga de mendigos»], y hablan casi de todos los idiomas de Europa. 

Porque en Germania hablan en alemán, junto a los galos como los galos, y junto a los italianos en italiano, etc. No habrían sido dignos estos hombres, por más oscuros, sucios y que parecen mover lo que no es, de tener ninguna obra egregia que darse a conocer, como para que se hiciera aquí mención de ellos entre tantos pueblos ilustres, si no fuera porque ciertos hombres simples se maravillan grandemente de cómo andan de tal manera y vagan aquí y allá por todas las tierras.



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